Alias: Vigilante.
Edad: 25 años.
Nacimiento: 7 de Julio de 2039 - El Dorado, México.
Afiliacion: Sabres Verdes.
Rol: Caza vidas.
Estado: Activo.
Perdida de humanidad: 46%.
Descripción:
Apariencia general:
Joven adulto de 1.78 m de altura, piel morena, nariz mediana, cejas pobladas y ojos grandes de color miel. Lleva el cabello oscuro y corto por costumbre militar. Suele vestir prendas sencillas y funcionales, principalmente playeras blancas sin mangas y pantalones tipo jeans. En ocasiones utiliza una chaqueta verde con las siglas "SV", símbolo de los Sabres Verdes.
Complexión:
Posee una complexión atlética desarrollada a través de años de entrenamiento militar, combate y supervivencia. Su musculatura es funcional y bien definida, orientada a la resistencia y la fuerza práctica, aunque conserva secuelas de múltiples heridas y años de desgaste le otorgan una apariencia cansada y endurecida.
Marcas distintivas:
Su expresión suele ser seria y observadora, acompañada de una mirada fría y analítica. Presenta ojeras visibles y una postura rígida que refleja años de disciplina militar y constante estado de alerta.
Holo-tatuajes:
- Pequeña representación de la Santa Muerte en su brazo derecho.
- Calavera plateada en su hombro izquierdo.
- Placa de Identificación Militar alrededor de su torso con sus datos reales.
- Calendario Maya en tonos arenosos en su espalda.
- Una extinta Águila Real a lo largo de su muslo izquierdo.
Cicatrices:
Presenta numerosas cicatrices menores provocadas por heridas de arma blanca en brazos y torso. Destaca una cicatriz en la nuca, ubicada junto a la entrada de su Espina Neural. También posee quemaduras leves dispersas por distintas partes del cuerpo y pequeñas cicatrices en los nudillos producto de años de combate y entrenamiento.
Modificaciones visibles:
Debido a procedimientos médicos realizados durante su infancia, presenta modificaciones faciales menores. Además, posee conectores metálicos visibles en la base del cráneo y diversas marcas quirúrgicas alrededor de la nuca relacionadas con la instalación y posterior manipulación de su Espina Neural.
Implantes
Matriz Sináptica
- Espina Neural:
Sistema nervioso artificial cableado, necesario para utilizar equipo neuronal.
- Zócalo Sináptico:
Zócalo instalado en la nuca requerido para usar chips de aprendizaje.
Interfaz Auditiva
- Tímpanos Artificiales:
Hilos de fibra óptica microscópicos que se entrelazan directamente con el nervio auditivo y la base del cráneo.
- Transceptor Modular:
Módulo interno que permite interceptar y transmitir en frecuencias de radio comerciales, civiles y de onda corta.
Equipo:
Arma principal: Pistola compacta semiautomática.
A diferencia de otros caza vidas que prefieren armamento pesado o modificaciones excesivas, Leo opta por una pistola compacta debido a su fiabilidad, facilidad de ocultamiento y rapidez de desenfunde. Aunque ha cambiado de modelo en varias ocasiones y ha usado otro tipo de armas de fuego, siempre ha mantenido la costumbre de portar una pistola como arma principal, considerándola una herramienta más que un símbolo de estatus. Su entrenamiento militar le permite aprovechar al máximo un arma sencilla, compensando con precisión y experiencia lo que otros intentan resolver con potencia de fuego.
Arma secundaria: Bastones gemelos de eskrima.
Par de bastones de combate utilizados para enfrentamientos cuerpo a cuerpo, empleados cuando el uso de armas de fuego resulta poco práctico o cuando necesita incapacitar a un objetivo sin matarlo. Gracias a su tamaño compacto, puede transportarlos con facilidad y desplegarlos rápidamente en espacios reducidos. Su estilo de combate prioriza la velocidad, los golpes precisos y la neutralización eficiente del adversario.
Vehículo: Sedán convertible NexaVolt 2064.
Sedán eléctrico de tamaño medio que ha sufrido numerosos daños a lo largo de los años: la parte frontal esta parcialmente destruida, no posee la puerta del conductor y varios componentes exteriores muestran señales evidentes de desgaste. A pesar de su estado, el vehículo continúa funcionando de forma milagrosa aunque requiere constante mantenimiento.
Equipo tecnológico
- Máscara de los Calaveras de Plata:
Máscara táctica perteneciente a su antiguo pelotón militar con sistemas de comunicación, filtros ambientales y diversas funciones de asistencia diseñadas para operaciones especiales. Aunque gran parte de su tecnología original ha quedado obsoleta o dañada, se conserva como recuerdo de sus años de servicio y de los compañeros que perdió durante la guerra.
- Holo-Máscara:
Dispositivo holográfico capaz de alterar parcialmente su apariencia mediante proyecciones digitales, utilizado para ocultar su identidad durante determinados trabajos para evitar ser reconocido por antiguos enemigos o desplazarse por territorios hostiles sin llamar la atención.
Protección: Chaleco modificado de los Sabres Verdes.
Chaleco reforzado con Kevlar de alta densidad. Aunque originalmente pertenece a los Sabres Verdes, ha sido modificado por su hermana mayor. Presenta numerosos signos de desgaste, remiendos y placas reemplazadas debido a los constantes enfrentamientos en los que ha participado.
Objeto característico: Placa de identificación militar.
Oculta bajo la ropa en todo momento, aun conserva su antigua placa de identificación militar. La placa contiene su nombre, número de servicio y otros datos de identificación utilizados durante su tiempo en el ejército.
Contactos:
Familia directa:
- Gina Alcantar Morales:
Rol: Facilitadora.
La persona más importante en la vida de Leonardo y uno de los principales motivos detrás de muchas de sus decisiones. Fue quien asumió gran parte de su crianza durante la infancia debido a las largas jornadas laborales de sus padres adoptivos. A lo largo de los años se convirtió en su principal apoyo emocional y en la figura familiar más cercana que ha tenido. Tras graduarse de la universidad, Gina comenzó a trabajar vendiendo ropa de diseño propio en un mercado junto a su mejor amiga. A pesar de las dificultades económicas y las deudas que la llevaron a involucrarse con los Sabres Verdes, mantiene una actitud positiva y extrovertida hacia la vida, cosa que le ha ayudado a generar una gran red de contactos, siempre conociendo a alguien con la habilidad específica que alguien necesite.
Amigos:
- Raymond Ibarra Nishmura:
Rol: Caza Vidas / Coyote.
Joven albino y cobrador de piso de la zona residencial controlada por los Sabres Verdes. Antes de unirse a la pandilla, formó parte de un grupo de Coyotes que terminó desintegrándose tras una traición interna. Su relación comenzó de forma hostil debido a las deudas de Gina con la pandilla. Sin embargo, el contacto constante entre ambos terminó convirtiendo aquella rivalidad inicial en una amistad genuina. Con el paso del tiempo, Raymond se transformó en uno de los pocos miembros de los Sabres Verdes en quienes Leonardo confía plenamente y en su único amigo dentro de la organización.
- Phoenix Olivares:
Rol: Cirujano de banqueta.
Peleador callejero, aficionado a las modificaciones corporales y consumidor habitual de esteroides de combate. Es conocido por diseñar y ensamblar sus propios implantes, muchos de ellos experimentales o de procedencia cuestionable. A pesar de sus métodos poco ortodoxos, Phoenix es extremadamente leal con las personas que considera cercanas. Es el responsable del mantenimiento de varios de sus implantes, incluyendo revisiones periódicas de los componentes relacionados con su Espina Neural. A cambio de sus servicios suele solicitar favores, materiales difíciles de conseguir o sustancias necesarias para continuar con sus proyectos personales.
- Karla Barraza Sosa:
Rol: Técnica.
Hermana gemela de Karina. Posee una personalidad seria, reservada y analítica, destacando por su capacidad para comprender, modificar y reparar tecnología avanzada. Antigua integrante del grupo de Coyotes al que pertenecía Raymond, logró escapar junto a él y otros pocos luego de que el grupo fue traicionado. Desde entonces ha trabajado como técnica independiente junto con su hermana, especializándose en armas, sistemas electrónicos e implantes. Suele proporcionar a Leonardo mejoras para su equipo y armamento, cobrando principalmente mediante favores o la obtención de componentes difíciles de adquirir en el mercado convencional.
- Karina Barraza Sosa:
Rol: Técnica.
Hermana gemela de Karla. Aunque comparte su talento para la ingeniería y la modificación tecnológica, posee una personalidad mucho más abierta, sociable y optimista. Al igual que su hermana, formó parte del antiguo grupo de Coyotes junto con Raymon, sobreviviendo a su caída. Actualmente trabaja junto a Karla desarrollando modificaciones para armas, implantes y equipos especializados. También participa con frecuencia en el mantenimiento y mejora de su equipamiento.
Amigos:
- Camilla “La Cobra”
Rol: Facilitadora.
Una de las Facilitadoras más influyentes de las Colmenas. Reconocida por su elegancia, carisma y habilidad para obtener información, ha construido una extensa red de contactos que abarca desde pandillas locales hasta contratistas empresariales. Posee una notable capacidad para identificar las necesidades de sus clientes y encontrar a la persona adecuada para resolverlas. Gracias a ello ha logrado consolidar una reputación sólida dentro del mercado de contratos ilegales y trabajos de riesgo. Considera a Leo como un profesional con un potencial considerable, pero aun no confía en él lo suficiente para darle trabajos grandes.
Biografia
> 2039 - 2054: Primeros años.
Se sabe muy poco sobre los primeros años de vida, incluyendo quiénes fueron sus padres biológicos, cuál era su relación con la familia Alcántar Morales o incluso cómo terminó bajo su cuidado. Nunca se aclaró si fue entregado voluntariamente, abandonado o secuestrado, ni tampoco si ellos siguen con vida. Lo único seguro es que fue adoptado de manera "legal" cuando tenía apenas dos años de edad.
A pesar de crecer en las empobrecidas periferias de El Dorado, Leo tuvo una infancia relativamente tranquila pese a que sus padres adoptivos pasaban la mayor parte de su tiempo trabajando jornadas extenuantes que superaban las 100 horas semanales para conseguir apenas lo suficiente para subsistir, por lo que gran parte de su crianza recayó en su hermana mayor, Gina. Aunque era plenamente consciente de las dificultades económicas que enfrentaba la familia, Gina siempre procuró mantener una actitud optimista para evitar que Leo conociera la peor cara del mundo demasiado pronto.
Durante sus años de primaria, sus padres le revelaron que era adoptado, aunque la noticia le resultó extraña, le dio poca importancia pues ellos eran sus padres. Sin embargo, sus compañeros reaccionaron de manera muy distinta, cuando descubrieron su origen, comenzaron a acosarlo constantemente, las burlas pronto se transformaron en agresiones físicas cada vez que intentaba defenderse. Aunque Leo informó de la situación a su familia e incluso a las autoridades escolares, las respuestas se limitaron a sanciones menores que no resolvieron el problema. El acoso continuó durante meses, hasta que se detuvo de forma repentina cuando los principales bullys aparecieron gravemente heridos tras ser atacados por un agresor desconocido, sufriendo múltiples fracturas que los dejaron fuera de la escuela durante un largo tiempo. Sin sus cabecillas, el resto de los acosadores abandonó las agresiones.
Años después, a sus 13 años mientras cursaba la secundaria, vivió una experiencia que lo marcaría profundamente. Uno de sus profesores le indicó que debía quedarse después de clases para reforzar algunas materias en las que tenía dificultades, sin embargo, aquello resultó ser una trampa. El docente terminó siendo un enfermo, intentando violarlo, pero Leo logró resistirse y escapar tras forcejear con él. Esto lo dejó profundamente aterrado y avergonzado, negándose a regresar a la escuela y evitando hablar con cualquier persona. Finalmente fue Gina quien logró acercarse a él y convencerlo de contar lo sucedido, fue ella quien lo escuchó, lo tranquilizó y le prometió que nadie volvería a hacerle daño. Pocos días después, se enteraría que aquel mismo profesor se encontraba en cuidados intensivos tras recibir tres disparos en el pecho por parte de un atacante desconocido. Aunque nadie fue arrestado por el crimen, el incidente lo ayudó a recuperar parte de la seguridad que había perdido y a regresar a clases, aunque desde entonces se volvió más reservado y desconfiado.
A mediados de 2054, luego de que su hermana se mudara para asistir a la universidad, Leo pasó varias tardes revisando sus pertenencias por simple ocio. Fue entonces cuando encontró, escondida en uno de sus cajones, una pistola a la que le faltaban exactamente tres balas. Aquel descubrimiento confirmó una sospecha que había comenzado a formarse años atrás: durante todo ese tiempo, había sido Gina quien lo había protegido de las amenazas que el mundo había puesto en su camino.
> 2055 - 2062: Años de Guerra.
Mientras Gina cursaba sus estudios universitarios y él esperaba un año más para volver a presentar el examen de ingreso a la preparatoria, México atravesaba uno de los periodos más turbulentos de su historia reciente. Un año antes, la presidenta había declarado la “Guerra contra los Narcoestados”, prometiendo reunificar el país y recuperar los territorios que habían caído bajo el control de cárteles, grupos insurgentes y gobiernos criminales surgidos tras el Gran Colapso y la 3ra Intervención Estadounidense.
La situación económica empeoraba con cada mes que pasaba, con sus padres trabajando hasta el agotamiento para mantener el hogar y costear la educación de Gina, mientras los precios continuaban aumentando debido al conflicto. Incapaz de permanecer de brazos cruzados, tomó una decisión que marcaría el resto de su vida: aprovechando que el ejército había comenzado a aceptar reclutas adolescentes para suplir las crecientes bajas del frente, decidió enlistarse para aliviar la carga económica de su familia y contribuir con un ingreso estable.
Tras superar las evaluaciones físicas y psicológicas, fue asignado a uno de los centros de entrenamiento militar. Desde el primer día comprendió que la realidad del ejército estaba muy lejos de la imagen heroica que mostraban los medios de comunicación, pues los reclutas eran sometidos a constantes humillaciones, castigos arbitrarios y abusos por parte de sus superiores. La corrupción estaba profundamente arraigada en la institución: los hijos de oficiales recibían privilegios, algunos reclutas pagaban sobornos para evitar sanciones y los casos de acoso y violaciones hacia las mujeres eran ignorados de forma sistemática.
Leonardo no solo fue testigo de aquella realidad, sino que también terminó formando parte de ella, bajo amenazas y castigos, fue obligado a participar en actividades ilícitas ordenadas por sus superiores. Cada error era respondido con violencia física o psicológica.
Tras el primer año se le dio acceso a sus primeros implantes de combate: comenzando con una Espina Neural para poder instalar posteriormente un Zócalo Sináptico para potenciar su aprendizaje. Igualmente se le dio desde ese momento la advertencia de que si intentaba desertar, aquella espina neural iba a freir el cerebro, ahora era propiedad del ejército. Durante otros dos años soportó un entrenamiento brutal diseñado para eliminar cualquier rastro de compasión, miedo o individualidad. Aprendió el manejo de armas, a matar sin vacilar, a aceptar la posibilidad de su propia muerte y a resistir cualquier forma de interrogatorio en caso de ser capturado.
Cuando finalmente fue considerado apto para el combate, su siguientes implantes le fue instalados: Unos Tímpanos Artificiales para poder instalar posteriormente un Transceptor modular para poder comunicarse por radio. Así mismo fue asignado al Pelotón de Reconocimiento y Operaciones Especiales 17-B, mejor conocido como los “Calaveras de Plata” debido al uso de máscaras distintivas que utilizaban en operaciones de campo con un Cable de Interfaz que se conectaba a la Espina Neural que le permite recibir información directamente a sus ojos. Ellos olían decorarlas de forma que se asemejan a cráneos humanos con pintura de plata.
A diferencia de todo lo que había experimentado hasta entonces, los Calaveras de Plata realmente tenían una gran camaradería debido a la naturaleza de sus misiones, dependiendo unos de otros para sobrevivir, lo que los hacía crear un fuerte lazo los unos con los otros. Entre sus filas había soldados, médicos, técnicos y hackers, cada uno con sus propios motivos para seguir luchando. Muchos compartían además un profundo resentimiento hacia la institución que servían, pues a pesar de los resultados obtenidos en el campo de batalla, el alto mando parecía recompensarlos con menos recursos y misiones cada vez más peligrosas.
Durante los años siguientes, fue desplegado en múltiples regiones del país. Las comunicaciones con el exterior estaban estrictamente controladas para evitar filtraciones, por lo que solo podía hablar con su familia de forma ocasional. Fue durante uno de esos despliegues cuando recibió la noticia de que sus padres habían fallecido en un accidente automovilístico. Debido a encontrarse en operaciones al otro extremo del país, no se le concedió permiso para asistir al funeral. Desde ese momento, asumió por completo la responsabilidad de financiar los estudios de Gina, quien estaba cada vez más cerca de graduarse.
Mientras la guerra se intensificaba, comenzó a descubrir una realidad muy distinta a la que mostraban los noticieros. Las victorias que la prensa celebraba eran, en muchos casos, operaciones fallidas maquilladas por la propaganda gubernamental. La escasez de recursos se volvía cada vez más evidente, las bajas aumentaban constantemente y el conflicto parecía no tener fin.
Sin embargo, en medio de aquel infierno existía una pequeña luz de esperanza pues cada vez que tenía oportunidad, leía los mensajes que Gina le enviaba. En ellos le contaba cómo se había graduado con honores, cómo había conseguido un excelente empleo gracias a su servicio social y cómo poco a poco comenzaba a construir una red de contactos que prometía abrirle muchas puertas en el futuro, hablando de estabilidad económica, ascensos y nuevas oportunidades.
Por primera vez en años, Leonardo sintió que todo el sacrificio había valido la pena. Había perdido su juventud, a sus padres y gran parte de sí mismo en la guerra, pero al menos Gina había logrado escapar de la pobreza que siempre los había perseguido.
Entonces, todo salió mal.
> 2063 - 2064: Deserción.
Para 2063, el descontento dentro de los Calaveras de Plata había alcanzado niveles críticos. Años de abusos, promesas incumplidas y misiones suicidas habían destruido cualquier lealtad que sus integrantes alguna vez sintieron hacia el ejército. Sin embargo, la amenaza constante de la Espina Neural, capaz de freír el cerebro de cualquier soldado que intentara desertar, impedía cualquier intento de abandonar el servicio. Aun así, aquello no les impidió seguir buscando una salida.
Uno de los hackers del pelotón había dedicado meses a estudiar las vulnerabilidades del sistema, desarrollando métodos experimentales para neutralizar el protocolo de ejecución. Sin embargo, el margen de error era mínimo y un solo fallo podía provocar la muerte inmediata del sujeto. Desgraciadamente, nunca tuvieron tiempo de perfeccionar el procedimiento.
Antes de poder realizar pruebas en condiciones seguras, la unidad fue desplegada en Ciudad Juárez con la misión de eliminar al jefe de plaza que coordinaba las operaciones criminales en la región. Como ocurría con frecuencia, la realidad resultó muy distinta a la información recibida.
Cuando llegaron a la ciudad, esta ya se había convertido en una zona de guerra. Sicarios, halcones y grupos armados combatían contra diversas unidades militares en medio de calles destruidas y edificios en llamas. El cártel utilizaba a la población civil como un recurso desechable, obligando a hombres y mujeres a empuñar armas para utilizarlos como carne de cañón, mientras que las fuerzas gubernamentales tenían órdenes de eliminar cualquier amenaza que comprometiera la operación, sin distinguir siempre entre combatientes y víctimas.
A pesar de la aparición de los llamados Monstruos, camionetas fuertemente blindadas equipadas con torretas de ametralladora, la operación continuó. Aquellos vehículos representaban una amenaza considerable, pero no eran algo que los Calaveras de Plata no hubieran enfrentado antes.
La situación cambió cuando apareció una amenaza mucho mayor. Entre las columnas de humo y los escombros emergió un tanque modelo Razer. Sobre su blindaje destacaba el logotipo de GunTech, una de las mayores corporaciones armamentísticas extranjeras.
La presencia del vehículo tomó por sorpresa a toda la unidad. Los cárteles no solo estaban resistiendo al gobierno mexicano, sino que ahora contaban con acceso a armamento pesado suministrado por megacorporaciones estadounidenses.
Cuando el Razer abrió fuego, la batalla escaló de inmediato. Sus proyectiles demolían edificios enteros mientras sus sistemas de misiles castigaban cualquier posición detectada. Los daños colaterales parecían irrelevantes; viviendas, infraestructura y civiles desaparecían bajo las explosiones con la misma facilidad que los objetivos militares.
Durante el enfrentamiento, Leonardo quedó atrapado bajo los restos de un edificio parcialmente derrumbado junto al hacker de su unidad. El hombre había sufrido una herida fatal provocada por un fragmento de metal que le atravesó el abdomen. La pérdida de sangre era irreversible y ambos comprendieron que no sobreviviría.
Con el tiempo agotándose, tomó la única decisión que consideró útil: intentar desactivar el protocolo de eliminación de la Espina Neural de Leonardo. El procedimiento fue improvisado, brutal y extremadamente arriesgado. Utilizando un cable de interfaz conectado directamente al implante, el hacker comenzó a manipular el sistema mientras el sonido de disparos, explosiones y fuego de artillería continuaba a su alrededor.
Leonardo aceptó el riesgo. Convencido de que iba a morir de cualquier forma, permaneció inmóvil mientras el procedimiento avanzaba. Tras una fuerte descarga eléctrica, sintió cómo todo desaparecía: El dolor, el sonido, la luz, incluso sus propios pensamientos.
Durante unos instantes experimentó lo que más tarde describiría como una sensación cercana a la muerte. No sabe cuánto tiempo permaneció en aquel estado. Cuando recuperó la consciencia, sintió nuevamente el latido de su corazón, el aire regresando a sus pulmones y el ruido de la batalla resonando a su alrededor.
No tenía forma de comprobar si la operación había funcionado. Tampoco sabía si realmente seguía con vida. Lo único que pudo confirmar fue que su compañero yacía muerto a su lado y que las comunicaciones por radio habían colapsado por completo.
Sin más opciones, tomó su mascara y abandonó el lugar. No huyó por cobardía ni por miedo, lo hizo porque, por primera vez en años, comprendió que ya no tenía motivos para seguir luchando aquella guerra.
Abandonó Ciudad Juárez mientras los combates continuaban consumiendo la ciudad. Evitó carreteras, patrullas y cualquier asentamiento habitado. Corrió durante un tiempo imposible de calcular. Horas o quizá días.
Cuando sus piernas dejaron de responder, continuó avanzando a pie. Cuando caminar se volvió imposible, se arrastró. Y cuando incluso eso dejó de ser suficiente, siguió moviéndose impulsado únicamente por el instinto de supervivencia.
Finalmente, al borde del colapso, fue encontrado por una caravana de Coyotes que atravesaba la región. Apenas tuvo fuerzas para pedir ayuda antes de perder el conocimiento.
Cuando despertó, descubrió que seguía vivo. Los Coyotes habían tratado sus heridas, pero también lo mantenían bajo estricta vigilancia. Para ellos seguía siendo un soldado del gobierno, y tenían motivos suficientes para desconfiar. Leonardo no los culpó; él tampoco confiaba ya en las instituciones que había servido.
Durante semanas vivió prácticamente como un prisionero. No estaba encadenado, pero tampoco era libre de marcharse. Sin embargo, aquellos nómadas conservaban algo que el ejército había perdido hacía mucho tiempo: humanidad.
Con el paso de los días comenzaron a asignarle tareas menores, como vigilancia, mantenimiento y protección de la caravana durante sus desplazamientos. Siempre permanecía bajo supervisión, pero cumplía cada orden sin quejarse.
Meses después, cuando otros grupos nómadas intentaron asaltar la caravana, Leonardo fue uno de los primeros en tomar posiciones defensivas. Su experiencia militar resultó decisiva para repeler el ataque y evitar numerosas bajas. Aquello marcó un punto de inflexión en la percepción que los Coyotes tenían de él.
Poco a poco comenzó a ganarse su confianza y, por primera vez en muchos años, habló abiertamente de su pasado. Les contó sobre El Dorado, sobre sus padres adoptivos, sobre la guerra y sobre los Calaveras de Plata. Pero, sobre todo, habló de Gina, la hermana que llevaba años sin ver y la única persona que seguía dándole una razón para continuar.
Tras escuchar su historia, los líderes de la caravana le ofrecieron un acuerdo. Si continuaba ayudando al grupo y demostraba su lealtad, le permitirían utilizar sus redes de comunicación para contactar con ella. Además, si las circunstancias lo permitían, intentarían ayudarlo a reunirse con ella nuevamente, aceptando sin dudarlo.
Durante los meses siguientes trabajó más duro que nunca. Protegió convoyes, realizó patrullas y colaboró en cada tarea que le fue asignada hasta que finalmente llegó la oportunidad que había estado esperando.
Después de más de un año de silencio, logró enviar un mensaje a Gina. Ella lo creía muerto, al menos oficialmente, lo estaba.
Aun así, Leonardo consiguió asegurarle que seguía vivo. Le explicó que atravesaba una situación complicada y que no podía contarle todo lo sucedido, pero también le prometió que regresaría.
Con esa promesa como único objetivo, continuó trabajando junto a los Coyotes, aferrándose a la esperanza de volver a ver a su hermana una vez más.
Evaluacion:
Nivel de amenaza: Medio.
Pese a carecer de implantes de combate de última generación o un armamento especialmente sofisticado, compensa estas carencias con años de experiencia en combate real. Veterano de la Guerra de los Narcoestados y un combatiente acostumbrado a operar en entornos urbanos hostiles. Posee una capacidad de adaptación moderada, conocimiento táctico y disposición a utilizar fuerza letal cuando la situación lo requiere. No suele iniciar conflictos innecesarios, pero una vez involucrado es capaz de neutralizar amenazas considerablemente superiores en número o equipamiento.
Nivel de confiabilidad: Alto.
Suele cumplir los acuerdos que acepta y rara vez abandona una tarea una vez comprometido con ella. Su historial demuestra una fuerte tendencia a honrar promesas, incluso cuando hacerlo implica riesgos personales significativos. Sin embargo, su lealtad no pertenece a organizaciones, pandillas o gobiernos. Está reservada exclusivamente para las personas que considera importantes. Si un contrato entra en conflicto con sus principios personales o pone en peligro a alguien cercano, es probable que priorice estos últimos por encima de cualquier obligación profesional.
Nivel de discreción: Medio.
Aunque la mayoría de caza vidas suelen mantener una filosofía de ser llamativos y extravagantes, el estar acostumbrado a operaciones militares y de infiltración, comprende la importancia de actuar sin llamar la atención. Suele evitar la exposición innecesaria y prefiere resolver los problemas con rapidez y eficiencia. No obstante, cuando la situación escala o alguien cercano se encuentra amenazado, puede recurrir a métodos considerablemente más violentos que inevitablemente atraen atención no deseada.
Veredicto: Activo altamente recomendable para trabajos de riesgo medio.
Al ser un veterano de combate con amplia experiencia operativa, su capacidad de supervivencia es excepcional, con una sólida reputación de cumplir con sus compromisos. Carece de ambiciones políticas o criminales significativas, lo que reduce la probabilidad de conflictos de interés. No se recomienda intentar manipularlo mediante amenazas dirigidas a sus seres queridos. Los antecedentes disponibles indican que este tipo de presión suele provocar respuestas extremadamente agresivas e impredecibles.